Estaba en el aeropuerto con un poco de manos en mi sudor y la paciencia en estado neandertal. La emoción se había esfumado y solo quedaban aires de queja en mi cabeza, esperaba estar así luego de 20 horas de viaje. Finalmente, luego de una pequeña escala en Madrid, llegamos a la esperada ciudad de Londres.

 

El angel de londres

 

Siempre que llego a cualquier aeropuerto, me siento y me pongo a observar a mi alrededor por unos momentos. Es interesante lo que puede suceder en el lugar en cuestión de segundos, o pensar lo que puede estar sucediendo en otra parte de ese mismo aeropuerto. Es un crisol de almas reunidas buscando comenzar o terminar historias, es un lugar triste y feliz al mismo tiempo, el espacio más raro y común ahora mismo.

 

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El idioma me dio la bienvenida, inmediatamente al bajar del avión sabía que estaba en Londres, creo que te lo hacen sentir como forma inequívoca de mostrar que es un país espectacular. Encaré la situación muy bien, todo estaba listo para comenzar la experiencia europea, los dos estábamos emocionados por estar, mi primera vez, en la capital inglesa.

Ya disfrutaba cada momento, cada cartel, cada persona, las luces, todo era nuevo. Registraba cada segundo en mi superduperdiscoduro, cada movimiento y cada palabra, no quería olvidarme de nada en lo absoluto, caminaba lento en un lugar donde todos corrían, disfrutaba el recorrido en un lugar poco disfrutable, recordaba la imagen que tenía de Londres en mi cabeza y la reemplazaba por una real, una del momento.

Dos meses atrás, mi ex-enamorada me propuso la idea de ir a Londres con ella y conocer a la familia. La respuesta fue un NO frío y lleno de inseguridad, me negué parcialmente a la propuesta de viaje pero me quedé pensando en eso. Sin trabajo y con poco dinero, iba a ser un suicidio embarcarse en un viaje hacia la ciudad conocida por ser la más cara del mundo. Pero el romance y los sentimientos pudieron más. A la semana siguiente estaba reuniendo los papeles para aplicar a la visa, una semana después, estaba en el consulado inglés en Lima presentando mis papeles para viajar al Reino Unido.

Éramos Henry y Eva hasta que llegamos a migraciones, el choque cultural me abofeteó a mano limpia, no entendía porqué, ver esos carteles me devolvió el temor del primer mundo, me trajo a tierra y me di cuenta que el juego todavía no había terminado. Estábamos separados por continentes-nacionalidades. Ella se fue a la fila -sorpresivamente- más larga y yo a la más corta. Lógicamente esperabamos que yo pase primero y luego ella, así que coordinamos encontrarnos afuera junto al equipaje, todo ya estaba calculado excepto una pequeña importante cosita.

La fila donde estaba ella avanzó vertiginosamente hacia la meta, mientras que nosotros seguíamos esperando -llenos de nervios- que pase la primera persona. Cada segundo era peor, más dudas, más preguntas, menos sentido común. En medio de mis minutos filosofales me olvidé de Eva completamente, pues ella debería seguir haciendo fila porque la suya era bastante más larga que la mía. Se esfumó, no estaba, la única persona que me traía calma en ese momento desapareció por arte de magia, eso me confundió un poco más y comencé a temblar un poquito.

Antes de volar hacia Londres, ya estaba en medio de una riña interna preguntándome si era un idiota o no, y si los 400 dólares que tenía me alcanzarían para estar 3 meses en Europa. Cuando llegamos a hacer el check-in en el aeropuerto, descubrimos que -como peruano- no podría viajar si no tenía mi pasaje de vuelta, otro duro golpe al sueño de Londres. Nos tomamos unos segundos lejos del counter y discutimos la decisión. Mi idea era arreglar lo del pasaje y viajar después, ella sabía que era mentira y me compró el pasaje usando mis 400 dólares.

La fila se hizo eterna. La sala estaba vacia. Ahora solo quedábamos 2 turistas y un viejito cabecita blanca que trabajaba de seguridad en el piso. El penúltimo pasó feliz hacia la sala de equipaje y solo quedaba yo, avance titubeante con mi mejor sonrisa queriendo demostrar que no hay nada malo si me deja pasar. El trámite fue como lo esperaba, revisión de visa, pasaje y dirección donde llegaba. Eso último no lo tenía.

La segunda vez que mencionó: ¿dónde te vas a quedar?, mi corazón se hizo agua y quería salir por mis ojos, la frustración era inigualable y la culpa se agrandaba, ¿cómo no sé la dirección?. Ella perdió la paciencia luego de mis intentos balbuceantes de decirle cualquier cosa con tal de pasar, a los pocos segundos estaba de vuelta en la sala vacía con la suerte echada a la mierda. El aeropuerto estaba escribiendo la historia que yo no quería contar.

Desorientado y con ganas de romper algo sin ser deportado, pensé en todo lo que había pasado para llegar acá, y no lo creía. Estaba a dos pasos de estar en Londres y pasear por el Big Ben y el London Bridge, estaba a dos pasos de tomarme unos pints en esos pubs famosos, y estaba a dos pasos de volver a casa con una historia difícil de procesar, ¿quién mierda se olvida el lugar donde va a llegar?, cabezón, te gusta hacer la complicada, me dije a mi mismo.

 Sólo había una persona en el lugar que me podía ayudar, y me acerqué a él.

¿Qué pasó hijo?, fue la pregunta del cabecita blanca al verme solo en la sala. Yo traté de explicarle mi situación y la dirección, decirle que si la tenía pero no la recordaba (todos dicen lo mismo). En mi desesperación, le pedí su teléfono para entrar a facebook y pedir la dirección, él negó la solicitud con su cara llena de desconfianza y sospecha, pero seguía ahí, no se separaba, sentía que quería ayudarme.

De pronto me acordé que no viajaba solo, Eva estaba afuera esperándome.

Me dijo que le escriba en un papel el nombre de Eva y donde estaba. Agarré un papel, le di el nombre, el lugar y un retrato dibujado, era mi última oportunidad y otro avión acababa de llegar a la sala, ya no quería esperar más. Mi amigo desapareció por varios minutos, en su caminar lento y seguro pasó la barrera de migraciones sin cuestionamientos, yo miraba cómo desaparecía mi entrada a Londres. Me puse cómodo en el piso dispuesto a esperar el tiempo necesario para no volver a casa sin nada.

Estuve pendiente de la entrada a la sala hasta que apareció mi amigo empuñando algo en su mano derecha, podía escuchar sus pasos de lo concentrado que estaba de su presencia, mi suerte se reflejaba en la sonrisa cómplice que gesticulaba cada vez que estaba más cerca, estaba siendo testigo de la generosidad del ser humano en su forma más pura, el aeropuerto se volvió por unos segundos, en el lugar más feliz del mundo.

Extendió su mano, como paquete de merca, para darme el papelito arrugado con la información necesaria para mi entrada. Se alejó, yo me puse en la línea nuevamente para encarar la migración. Cuando estuve al frente de la oficial de migraciones, y me selló el pasaporte con la entrada, inmediatamente volteé la cabeza en busca de mi amigo, allí estaba, justo detrás mío y observando que todo estuviera bien. Cuando me dirigía a la sala de equipajes, volteé nuevamente para darle una última mirada de agradecimiento, y ahí seguía, con su pulgar en alto, alegrando mi viaje una vez más.

2 meses y monedas después, cuando estaba sentado en el avión de vuelta a Lima, sonreía recordando los diferentes pasajes de mi viaje en Londres, y todo lo que me había pasado. Estaba reemplazando imágenes de postales con las vividas en esos días de mi sueño europeo, y de repente, se me vino a la cabeza la persona que logró ser parte importante de esta historia con una acción de lujo. La sensación que tengo hasta ahora es de nunca viajo solo, sé qué hay alguien que está pendiente de nosotros a cada momento, creanlo o no, estoy seguro de que todos tenemos un angel, y esta vez, estuvo en Londres conmigo.

 

Birmingham,-inglaterra
inglaterra en navidad es uno de los lugares más lindos del planeta
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London-4-Inglaterra
Miras a cualquier lado, y te sorprende.
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También el sol alumbra en Londres, a veces.
Buses de dos pisos y los taxis más chéveres
Buses de dos pisos y los taxis más chéveres
Todo era parte de una película para mi
Todo era parte de una película para mi
Si estás borracho en Londres, se duerme con clase.
Si estás borracho en Londres, se duerme con clase.

 

Muchas cosas para contar. Inglaterra es un país espectacular.

 

Este texto se lo dedico a mi madre por sus 62 años, y a todos los que están lejos de casa enfrascados en un viaje largo y sentimental.

 

Si leíste todo este artículo, te lo agradezco de corazón. Si me quieres ayudar a compartirlo, te mando un abrazo digitalmente por el espaldarazo que me acabas de dar. Siempre es bueno recibir cariño mientras viajas, aunque no se esté en el mismo lugar.

 

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