No les voy a mentir, intenté escribir un texto grande e inteligente sobre esta feria, pero las palabras faltan cuando eres de una sociedad que te forjó con valores totalmente opuestos a lo que viviste aquel día en la calle Folsom. Hermoso, natural y libre, hasta un poco exagerado diría yo, pero San Francisco es así, que te puedo decir.

Decidí no escribir mucho porque preferí que lo vean en las fotos, imágenes que tengo grabadas en mi mente, que estoy seguro que se irán conmigo hasta la tumba. Es imborrable. Allá por mayo de este año comencé a investigar sobre eventos en la ciudad de San Francisco para darle un poco más de sabor a mi experiencia en la ciudad, en uno de esos días de investigación, me topé con un evento diferente, pero normal. Todos los años se celebra la Feria de Cuero más grande del mundo en la calle Folsom, bien en el corazón de Sa Francisco.

La curiosidad me hizo buscar imágenes, y artículos sobre el tema. Google, con sus políticas de restricción, me mostró solo lo que pudo mostrarme, lo “mostrable”, me trato como un niño, y me hizo lucir el evento como algo diferente, hasta ese momento.

Llegó la tercera semana de septiembre y recordé este famoso evento, sacamos un poco más de información, cargamos los mapas y despejamos la mente: Estábamos a punto de vivir algo completamente distinto a todo lo que hayamos visto anteriormente.

Para poner en contexto a todas las personas que me leen: Yo vengo de Lima, de Breña para ser más precisos, lugar céntrico y muy religioso dentro de la ciudad. Crecí como la mayoría de personas en Perú: Me bautizaron, me hicieron la primera comunión, pero no pudieron confirmarme, punto para mi. Me desarrollé en un ambiente muy religioso, y hostil, difícil de combinar dos opiniones distintas porque al final Dios tenía siempre la razón. Quitarte el polo en la calle era penado moralmente, era sucio, e inmediatamente salía tu mamita a gritarte (la chismosa del barrio ya le había avisado lo que estabas haciendo). Llevaba 2 horas de religión en el colegio, nos tomaban exámenes bimestrales sobre la Biblia y cosas, que quizá, nunca sucedieron. Y así, todas las esferas sociales estaban influenciadas, de una u otra manera, por la religión y el conservadurismo. Y ahora, espero que me entiendas un poquito más lo que voy a contar, y las fotos que vas a ver.

Tomando el tren, comenzamos a saborear un poquito de la feria. Pasando por nuestro lado, dos chicas en calzones y trajecitos de cuero conversando alegremente por la calle. Pum, balazo de realidad directo a los ojos. Ya no estás en Perú cabeza, esto es otra cosa, y se viene algo grande.

San Francisco era una fiesta de cuero y nalgas. A cinco cuadras del evento ya podías sentir la maratón de vergas con alitas de mariposas que se venía hacia ti. Mi primera reacción era de no mirar, era imposible. La curiosidad me mataba, primera vez que veía tanta locura junta y feliz, sí, todos estaban contentos por alguna razón. Yo seguía levantando las cejas cada vez que volteaba para cualquier lado, mi reacción natural era esa, de sorpresa, asombro, y el algún momento fastidio.

 

Voy a resumir mis horas dentro de la calle Folsom en una frase: Jamás podré borrar de mi memoria todo lo que vi ese día. Y, a veces, me pregunto si el Perú llegará a ser tan libre y sin prejuicios algún día. No se equivoquen, amo el Perú y todo lo relacionado a este país hermoso, pero, cada vez que vuelvo, siento que estoy volviendo al pasado en la maquina del tiempo llamada avión.

 

Este es el video de mi experiencia en la calle Folsom de San Francisco, espero que les guste.