No estoy jodiendo, el revolver era tan pesado que el niño tenía que agarrarlo con las dos manos, cuando decidimos que ya habíamos visto suficiente, pasó el adolescente mostrando su AK47 con un cacho de marihuana en la boca. No tuve reacción, mi cuerpo entro en proceso líquido y sólo sentía el pinchazo que Megan me daba en el culo en señal de ¨TENEMOS QUE IRNOS AHORA¨. Cuando di la vuelta, sentí una mano en mi pecho diciendo ¨qué hacen ustedes acá arriba¨.

 

Rio de Janeiro l The Borderless Project

 

El blog ya había nacido, casi cuatro meses atrás decidimos crear una plataforma para compartir todas nuestras experiencias y consejos de viaje. Por pura estrategia, decidimos movernos a Rio de Janeiro el verano del 2015 porque era la ciudad de moda en casi todo el mundo. El mundial de fútbol enamoró a mucha gente, y el siguiente año se venía las olimpiadas, era el mejor momento para crear contenido y bloguear sobre la ciudad maravillosa.

Favela es un término endemoniado para los habitantes de Rio de Janeiro, tanto así que si alguna vez mencionas -como turista-  que has visitado una favela, por favor, tienes que ver la expresión de desconcierto de sus rostros. Muchas personas no logran entender porque a los turistas (mayormente Europeos y Norteamericanos) les fascina arriesgarse a subir a lugares dónde los locales y la policía recomienda no ir.

Muy a nuestro estilo, Megan y yo teníamos listo todo para salir a explorar la ciudad. El día era perfecto, calor aguantable más viento refrescante. El plan para hoy era tomar fotos desde la cima de la favela más grande y complicada de Rio de Janeiro.

Rocinha tenía fama de peligrosa y amigable, su estado bipolar la hacía más apetitosa para las personas en busca de aventuras y experiencias únicas (en algún sentido), esta favela no era desconocida para mi, ya la había visitado anteriormente, sólo que esta vez venía con Megan. Desde Lapa, un solo bus te lleva directamente hasta la boca del lobo, cámaras listas, estábamos ansiosos por llegar a la cima del morro y tomarnos algunas fotos. Una hora y monedas después de subir al bus, el tráfico y los vendedores ambulantes nos avisaban que habíamos llegado a destino, Rocinha estaba frente a nosotros en toda su magnitud.

 

Rocinha-Favela-Rio-de-Janeiro-Brazil---The-Borderless-Project

 

Entrar a la favela no se siente para nada peligroso, hay comercio, tránsito, muchas personas y policías, desde abajo todo se sentía muy cómodo.

Ya eran las 12 del mediodía y el sol comenzaba a quemar, no queríamos estar en la favela cuando anocheciera así que debóiamos apurarnos. Decidimos no tomar bus para subir porque queríamos experimentar el camino completo hacia la cima, esa era nuestra idea, tener la experiencia completa. Cuando caminas por una favela debes tener cuidado, no están hechas para ser caminadas, las aceras son muy delgadas y prácticamente puedes sentir el motor cuando los autos o motos pasan al lado. Siempre debes estar atento, no des nada por hecho.

Una media hora de subida después, llegamos como a la parte principal de la favela, parecía el centro de la favela: comercios, policias, armas, muchas armas, personas, hasta ahora no sentíamos nada de peligro, algo que nos alivió fue ver turistas subiendo por algunas escaleritas, eso nos indicó que era el camino correcto. La aventura comenzó aquí, nos metimos por pasajes pequeños lleno de casitas a medio pintar con personas sonrientes en cada una de sus puertas, luego de un buenos días o buenas tardes, pasábamos y nos despedíamos rápidamente deseosos por llegar a nuestro ansiado destino.

Megan comenzó a preguntar a todas las personas que veíamos sobre el mirador, se supone que en la favela existía un mirador donde todos los turistas paraban para tomarse fotos. Algunos lugareños nos respondían confundidos, otros sólo nos hacían la señal de seguir subiendo. La verdad, no sabíamos qué hacer, yo sólo atiné a cumplir la misión del día: llegar a la cima no importa qué.

 

siempre hagan caso a su instinto

 

Cada 10 metros que subíamos, las caras se tornaban más oscuras y menos sonrientes, Megan sugería dar la vuelta e ir por otro lado, yo insistía que ese era el único camino hacía arriba. Yo quería llegar a la cima, sólo eso. Esta escena la tengo muy clara en mi cabeza (estoy seguro que Megan también), fue en una pequeña curva donde yo vi claramente un pasaje para la cima, desde mi posición, veía la cumbre y no pude estar más feliz. Megan no sabía qué hacer (luego me contó esto)

Encontré un tipo para en su puerta, y le pregunté sobre el mirador o la cima, confirmó mi versión de que debía seguir subiendo, el objetivo estaba muy cerca. Luego de esto, le tuve que pedir perdón a Megan más de 100 veces y comprarle acai por una semana entera.

No existe mejor sentimiento que el de cumplir tus metas. El objetivo de ese día estaba a punto de ser alcanzado, solo faltaba cruzar un pequeño pasaje. Como en toda favela, vi niños sin camiseta caminando y jugando en la subida, simplemente cruzamos a los niños y seguimos con dirección al pasaje, nada raro hasta ahora. Cada paso que daba, Megan apretaba con más fuerza mi mano, ella veía cosas que yo -por mi apuro- no conseguía ver ni percibir. Diez segundos después de salir del pasaje, llegamos como a una plazita donde había un tipo a mi izquierda bañándose, a la derecha sólo habían casa de barro con la puerta semi-abierta, y al frente, un pasaje dónde -solo yo- veía una entrada hacía la cima.

 

Alemao-Favela-Rio-de-Janeiro-Brazil---The-Borderless-Project

 

Mi mano estaba roja y arrugada por la presión que Megan estaba ejerciendo sobre ella, volteé para decirle si estaba bien. No respondió, solo se quedó mirando hacia adelante. La película que vi en los siguientes segundos es la peor que haya visto en mi vida. El arma y el cacho de marihuana que tenía en la boca, me hacían pensar que este niño no era deportista. El revolver parecía tan pesado que lo tenía que cargar con las dos manos, pasó lentamente frente a nosotros como si no existiéramos, e ingreso a una de las casas con puerta abierta. La presión en mis manos crecía gradualmente, Megan quería salir corriendo pero sabía que esa no era una buena opción.

Diez segundos después de la escena del niño, y frente a mis ojos, vi el arma que utilizaba hace diez años cuando jugaba Counter Strike. Como a unos quince metros, un tipo flaco y alto, borroso por el humo de la marihuana que se fumaba intensamente en el lugar, se paseaba con una AK47 colgada en el pecho. Mango de madera, punta afilada, color negro y muchos huevos para verla y no correr. Al final del pasillo veía como se pasaban paquetes em bolsas negras, sí, claramente caímos en un pase de drogas en una de las favelas más peligrosas de Rio de Janeiro.

Nuestra vida dependía de una decisión sabía, y ninguno de los dos tenía la capacidad mental para tomar decisiones de vida o muerte en ese momento. Mi reacción fue natural, di la vuelta para regresar por el mismo agujero por donde llegamos, o al menos esa fue nuestra intención hasta que sentí una mano fría que detuvo mis pasos en el acto.

 

Por si alguna vez están en un pase de drogas por casualidad en una favela de Brasil. Nunca mirar al individuo a los ojos, en señal de respeto, mirar hacia abajo y explicar lo sucedido.

 

Era el mismo tipo que se estaba duchando, ahora me estaba amenazando.

 

  • ¿Qué hacen aquí? – Para esto Megan no existía en la ecuación, estaba muy asustada y yo trataba de manejar la situación
  • Estamos perdidos, buscábamos un mirador pero no lo encontramos. – Antes que me dijera algo me adelante
  • No hemos tomado fotos ni nada, solo estamos perdidos, les pido perdón por la confusión

 

Lo hice sentir como un superhéroe, mientras le explicaba la situación, el piso se volvió mi mayor aliado.

 

  • ¿Saben cómo volver?
  • Sí, señor

 

Aquí el tipo comenzó a putear al niño del revolver. Se supone que estaba a cargo de custodiar la entrada para que ningún extraño pueda pasar y ganarse con tremendo pase de drogas.

 

  • ¿Seguro que saben como volver?
  • Sí, señor. Es todo para abajo.

 

Al siguiente segundo nos dejó ir. Nos volvimos un auto eléctrico, fuimos de cero a cien kilómetros por hora en cuestión de segundos. En nuestro camino de vuelta, pude percibir todo lo que la mano de Megan me estuvo diciendo todo el camino. Toda la subida estaba lleno de niños fumando marihuana con revolver en mano distraídos mirando videos en youtube. Todavía seguía pensando en la escena anterior, no podía creer todo lo que había visto y vivido en solo 5 minutos.

Charlie es un amigo escocés (aunque el odia que le digan eso, el nació en la Isla de Omán) con mucha experiencia en favelas. Trabajábamos juntos en un hostel del centro de la ciudad, y era la persona indicada para contarle lo que nos había pasado. Nos comentó abiertamente que estamos vivos de suerte, y que no vuelvan a la cima de una favela -como Rocinha- nunca más.

Básicamente lo que sucede en Rio es lo siguiente: las favelas están siendo pacificadas hasta cierto punto, digamos, la policía solo llega hasta la tercera parte del cerro, desde ahí para arriba, es tierra de narcotraficantes y matones. Charlie nos explicó que nadie se atreve -ni los lugareños- a subir a esa parte de la favela sin tener un conocido o un aval, y cerró su explicación sonriendo e invitándonos una cerveza para celebrar la vida.

Esto nos sucedió dos años atrás, pero cada vez que lo recuerdo, mis manos tiemblan al tipear.