Experiencia en el Volcan Ijen, Java, Indonesia

 

Un poco de contexto

Hace dos años vine por primera vez a Indonesia sin saber una sola letra de lo que significaba viajar en el país. Llegué a Jakarta pensando encontrar las playas paradisiacas y el surf de clase mundial que alguna vez leí en TripAdvisor, en vez de eso, arribe a una ciudad enorme, ruidosa y congestionada, y nos preguntabamos que habíamos hecho mal. Ese día, nos dimos cuenta en conjunto, que erramos al crear la ruta y que teníamos que solucionarlo moviendonos rápido hacia el este. En nuestro camino hacia Bali, pasamos por Bogor, Bandung, Yogyakarta, Jepara y Surabaya, en 20 días hicimos todo eso y no vimos casi nada, pude ir a Borobudur, pero la entrada especial para extranjeros me quitó las pilas, intentamos ir a un volcán, y el día estaba tan nublado y lluvioso que no vimos ni la base, no fueron tiempos felices. El tráfico nos afixiaba. Todavía no veía mar ni arena, las palmeras junto al concreto aliviaban un poco mi ansiedad tropical, pero se esfumaba rápidamente al oir el siguiente bocinazo.

En nuestro camino a Bali, habían dos lugares que yo quería visitar: El monte Bromo y el Volcán Ijen eran los que me interesaban. Sabía que no podía hacer los dos por el tiempo y la negociación con mis compañeros de viaje (que era mi enamorada, mi hermano mayor y la mejor amiga de mi enamorada) no era fácil. Así que decidí visitar después estos dos lugares.

En el 2018, ya mejor informado, tuve la suerte de regresar a Bali. Esta vez, me preparé debidamente en geografía e historia del lugar, sabía lo que iba a hacer y no podría hacer. Una de las cosas que tenía que ver obligatoriamente era el volcán Ijen, uno de los pocos volcanes en el mundo de azufre y que se puede visitar, ¡y hasta el crater llegar! Ahora si, mi historia en el volcán Ijen, uno de los lugares más surreales del universo.

 

Experiencia en el Volcan Ijen, Java, Indonesia

Peligrosamente hermoso, Ijen

Ya tenía todo planeado para ir a volcán de lava azul o fuego azul. Algo azul había. Sabía como llegar y que hacer una vez ahí. Manu, amigo español y compañero de habitación, me llevaría hasta Kuta para poder llegar más fácil a la estación de bus.

Chris, un aleman. Vecino y compañero de vuelos con el dron, siempre me había dicho que quería hacer un viaje conmigo, que quería volar el dron y hacer unas tomas increíbles. Esta era su oportunidad.

Esa misma mañana, antes de irme, le comenté mi plan: Mira, a 6 horas de aquí hay un lugar donde se puede ver lava azul y solo hay dos en el mundo. Además, para ver el magma azul, tienes que entrar al cráter, ¿te imaginas volar el drone dentro de un cráter volcánico?.

Casi se pone a llorar de la emoción. Sus ojos alemanes azules brillaban mientras yo cargaba algunos videos de YouTube para cerrar el trato. Y él agregó algo al viaje: la moto. Me convenció de mandarnos en moto hasta el volcán, no lo vi peligroso en ningún momento, solo agotador, pero llegar en moto me sonaba a desafío.

Nos separamos luego de “convencerlo”, el debía pedir permiso a la jefa, Lisa, alemana con aspecto de caperucita de ojos azules saltones, y con carácter (recién me enteré) muy alemán. Cada uno se alistó para el evento del mes en sus respectivas habitaciones. Yo saqué mis cosas y aliste mi moto, y el ya estaba montado en la suya.

Lisa, sin estar de acuerdo, me sonrió y me deseó suerte a lo lejos. Se notaba su descontento. Cuando me disponía a prender la moto, Lisa aparece al lado de Chris y comienzan a hablar. Yo no sabía si estaban discutiendo o hablando aleman, ya saben que suena muy parecido decir te amo y vete a la conchatumadre. Divino lenguaje.

En fin, la cara de Lisa no era de te amo, amor. Igual nuestra suerte ya estaba decidida, solo atiné a bajar la cabeza y decir un “si yu later, evrifing is guna be fain”. Creo que cuando le dije eso, se puso peor, porque yo era conocido en la villa como “el peruano que le pasa de todo”, un sobrenombre largo, pero digno de mi persona.

Y arrancamos.

El trámite vehicular fue duro. Cada pedazo de pellejo que teníamos en las nalgas se estiró, nos veías alzando los cachetes de vez en cuando, cada tanto, parábamos para quejarnos una y otra vez del dolor de nalgas que teníamos. Fue como un ritual: “te duele, si, -una mierda, ¿no?, -si, broder”

El paisaje contrarrestaba todo dolor. Campos de arroz y océano, ¿donde has visto eso Henry?, magia indonesa de derecha a izquierda. Bueno, llego el momento de cruzar de isla a isla. 5 horas y media después. De Bali a Java, primera vez que lo hacía en moto y no sabía que carajo hacer. Dicho y hecho, no supe qué hacer, no traje la tarjeta de registro, y mi moto no pudo cruzar. Se quedó estacionada con todos los rezagados. Le di un beso de despedida, y la persiné para encontrarla al día siguiente.

Ferry y Java a la vista.

El plan era sencillo: Encontrar un hotel, pagar por una noche, bañarnos, compra el tour, y dormir hasta la hora del tour.

Hicimos todo eso exactamente.

12:30 de la noche. Vino el auto a sacarnos de casa y a empezar el tour. Nuestra cara de sueño y confusión lo decía todo. Sabíamos donde íbamos, pero no sabíamos cómo sería el lugar. El auto solo tardó una hora y media para llegar al campamento base (quiero llamarlo así porque suena más dramático, como el Everest).

Ahí conocimos a Rofl, nuestro guía de la noche y antiguo minero. El tipo trabajo en la mina de azufre por más de 20 años, y hace siete es guía. Nunca uso máscara para el gas porque era muy cara. Cargaba más de 70 kilos por 3 kms en un camino cuesta abajo. Ahora piensa dos veces cuando digas que tu trabajo es difícil. Es un sobreviviente de la indiferencia.

Ahora como guía le va mucho mejor.

Cero explicación, cero introducción. Máscaras incómodas, linternas de juguete y, a comenzar a subir al volcán. 3 kms cuesta arriba. Y 1 km cuesta abajo. Las rodillas no estaban listas, igual lo intentamos. La subida es cansada, pero si vas a tu propio ritmo, es posible.

Yo y Chris íbamos palmó a palmo. Siendo alemán, yo pensé maravillas de él, hasta tenía vergüenza de cansarme y no poder subir a su ritmo: “¿que dirá el alemán?”

Luego de una hora y media e incontables recesos por dolor de piernas, llegamos a la cima del volcán, no les voy a mentir, no se veía un carajo, no sabía donde estaba el volcán, todo lo que veíamos y olíamos era ese humo tóxico con olor a repelente expirado hace más de 130 años. Y a los mineros haciendo su jornada.

 

Cachetada de realidad.

Más de 80 mineros trabajando a las 3 am sacando azufre para véndero a 0.10 USD el kilo. Los explotan, o se explotan ellos mismos. Ves como suben y bajan ese empedrado cruel que hizo de nuestras piernas tallarines. No los ves dudar ni quejarse un segundo. Martillo al brazo, y golpes cada dos segundos. El olor me hacía arder los ojos, mi respiración era muy agitada, sentía que me ahogaba.

Mineros sacando azufre del crater del volcan ijen

 

Yo tomaba fotos y videos cuando siento una mano en el hombro que me dice: Vamos a casa. Era Chris y no estaba bien. Sus ojos se le cerraban y no podía respirar bien. Yo de mirarlo me iba sintiendo cada vez peor.

Pero no me gusto eso de vamos a casa. ¡Eran las 4 de la mañana! No deje de ver La Casa de Papel por nada, quería ver el amanecer en el cráter de lava azul.

Dicho sea de paso, vi solo un pedacito de ese espectáculo azul, había mucho humo.

Le hice un trato, nos alejaríamos un poco del humor tóxico para ver cómo se siente, y si va peor, seguimos subiendo hasta encontrar un lugar no tan peligroso. Nos movimos unos metritos para arriba, y nos sentamos. Yo, tratando de calmar la situación, lo ayude a respirar.

Respiración profunda y lenta. Como si estuvieras buceando, -le dije.

En la segunda profunda y lenta tenia parte del arroz con pollo de la tarde en mi piernas. Chris no estaba bien, y teníamos que salir de ahí lo más rápido posible. Llego Rofl, el guía, a preguntarnos qué había pasado, y lo único que hice fue agarrar la linterna y mostrarle el magma de arroz que había en el suelo.

Me entendió rápidamente, nos mandó para arriba. Yo quería quedarme. En mi último intento por ver el amanecer ahí abajo le pregunto a Chris: ¿Quieres que te acompañe allá arriba?

Sus ojos me respondieron que si, él no podia hablar y yo me sentí mal por pensar dejarlo subir solo. (¿Hice mal?)

La subida fue más sencilla. Le dije que no lo iba a dejar solo, que vinimos juntos y nos vamos juntos, aunque la idea de ver el amanecer se diluyera con esa frase. Subimos unos 50 metros, y encontramos una plataforma para ver el amanecer.

El me miro y dijo: quedémonos aquí. Dudé en preguntarle: ¿estás seguro?, yo estaba segurisimo que si le decía eso, me iba a decir que no, y terminariamos saliendo del lugar. Solo atiné a mirarlo y dibujar la sonrisa más grande de mi vida. Eran las 4:30 y ya estaba aclarando un poco. Le dije que no era necesario, y entre ruidos y voz de mascara, él asintió y dijo que se sentía mejor.

 

Experiencia en el Volcan Ijen, Java, Indonesia

 

No sabía cuando iba a durar ese ánimo, pero tenía que aprovecharlo, así que saque mi cámara y aliste el dron para volar. El también había traído el dron y lo saco para volar, ¿adivinen qué? No funcaba. Su dron no trasmitía imagen. Imposible, demasiada mala suerte. Alguien tenía que volar algún dron. Así que arme el mío.

Y los diez minutos posteriores fueron de felicidad, conjunta.

Fue un espectáculo donde todos los locales miraban al cielo y yo miraba al teléfono. Trate de disfrutar al máximo dentro de los límites de la situación. Podía ver a Chris queriendo salir de ahí, pero no me decía nada al verme tan feliz, quizá. Terminamos la sesión y la realidad nos chocó con olor a azufre fuertemente. Los mineros ya estaban subiendo la mercancía extraída en estos especies de triciclos hacia el valle.

Ahí lo pueden vender.

Mientras más kilos, más dinero. Nosotros caminando al lado, jadeando y parando cada 10 metros, y ellos, ahí dándole al oro amarillo neón para llevar el pan a la casa. Lo increíble es que aparte de no usar máscaras, fuman, comen y beben agua mientras están en el cráter.

Soy de Perú, y he visto muchísimas cosas locas, pero hasta ahora, nada se compara a esto. Algunos de los mineros salieron del negocio del azufre y ahora usan sus carretillas para hacer taxi. Suben y bajan a los turistas por 15 dólares.

El trabajo que hacen vale cada centavo. Las máscaras que ven en la foto son proporcionadas por la empresa del tour. Y es muy difícil respirar con ellas. Te toma un tiempo adaptarte, y te puedes llegar a desesperar.

Chris se recuperó bien. Lo único que quería volver a casa y dormir. Ahora, nos queda 6 horas en moto de vuelta a Bali. Yo antes de dormir quería escribir esto, por que las historias de viaje son como los sueños, si no lo escribes en el momento, de olvida fácilmente.

Grabe mucho video, tome muchas fotos, pero de lo que nunca me voy a olvidar es de esos 80 y poco mineros que van todos los días a sacar azufre de ese lugar donde se encuentra belleza en la mirada del visitante y terror en los ojos del local.

La experiencia fue surreal, ahora me voy a dormir antes de que tenga que actualizar la historia desde un hospital.

 

 

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