Hace ocho años tuve la suerte de conocer a una de las personas más maravillosas que me he topado en mi vida, fue una corta e intensa experiencia  que contiene un ‘para siempre’ como moraleja. Quisiera contarles que esta historia tiene un final feliz, quisiera contarles que estoy en Miami trabajando en una de las mejores firmas audiovisuales del mundo, quisiera contarles que lo llamé y me contestó. Extrañamente lo único que les puedo decir es que estoy escribiendo esta pequeña historia desde mi habitación en Tailandia con ocho años más de experiencia, pelo corto, aretes en las orejas, una barba semi-crecida y muchos sueños por cumplir. Si estás buscando una historia con final feliz, este no será tu artículo, si estás buscando una historia sin final, adelante que al fondo hay fotos.

 

Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2016 – Filipinas

 

Más de Henry: Carta Abierta a mi Mamá

 

Llegaba emocionado a la universidad al saber que a fin de año me iba a Estados Unidos. Pensaba todo el día en el viaje y en lo qué haría con el dinero que ganaría, los lugares que visitaría y a la gente que conocería.

 

El plan

 

    • Henry, ¿qué haces imbécil?
    • Estudiando inglés huevona, el próximo mes es mi entrevista para gringolandia y sigo clavado en el verbo ‘To Be’
    • Me estás jodiendo, a ver dame. 

 

Era mi amiga Marielly -samba-hermosa compañera de clase-, y se me cagó de risa por estar escuchando ‘mp3s’ que contenían clases de inglés ‘al paso’. Yo jamás me avergoncé por nada, sabía que en ese momento era mi única forma de aprender inglés, no tenía con quién practicar, no tenía dinero para poder meterme a estudiar y el plazo se acercaba, la entrevista era en un mes. El sueño de ir a otro país solo dependía de mí. Marielly seguí ahí, riéndose.

Así pasaron mis días previos a la entrevista, entre Marielly y sus risas, mp3’s llenos de lecturas en inglés y yo tratando de recordarlas. Mi vieja puteandome porque no me veía estudiar y mis clases de la universidad. Épocas felices donde mi única preocupación era no gastar los 3 soles (1 dólar) que mi madre me daba a diario para ir a la universidad, los ahorraba para poder tomar algo con los muchachos en el barrio el fin de semana, o caer al ‘hueco’ de la universidad y aportar con un par de cervezas. Nunca fui de poner mucho dinero, mi situación me obligaba a ser el cómico del grupo, así se olvidaban de mi falta de aporte y sólo me pedían que joda a la gente.

 

  • Oe huevón, acá tengo unas preguntas para que vayas practicando en tu casa, quizá vienen en la entrevista
  • Gracias flaca, la firme que ando palteado por eso. ¿y si no paso?
  • Te vas de mojado pe. Si vas a pasar huevón, es fácil, además aplicaremos los tres juntos.

 

La que me habla así es Noelia -ahora australiana-, líder de nuestra pandilla en ese momento. Siempre miraba hacia delante y nunca te dejaba caer, hombre, la necesitaba más que al pan en ese momento. Una de las cosas que me mantenía tranquilo es que las entrevistas eran grupales, de dos, de tres, de cuatro, de lo que fuere. Era un punto a favor mío. Cualquier cosa que acontezca, volteo y pregunto, simple.

 

  • Hello, how are you?
  • I am pretty good, and you?

 

Tenía los huevos lleno de orgullo al ser el primero en hablar en la entrevista. 

Esa introducción que hice fue la que me salvó la vida. Las dos entrevistadoras -super amables y de personalidad muy norteamericana- se olvidaron completamente de mi y se abalanzaron hacia mis amigas, yo sólo sonreía y me reía cuando todos se reían, era lo más lógico y sensato que podía hacer. No me movía, intentaba sudar para dentro, intentaba ser ‘No-Henry’ hasta que todo vuelva a la normalidad. Los minutos pasaban y yo ya quería irme. Quería me nos digan que pasamos y que tenemos trabajo. Quería llamar a mi vieja y decirle que, finalmente, me voy. Quería buscar a Marielly y cagarnos de risa juntos, quería decirle que los mp3’s no funcionan, y quería gastarme los 3 soles del día en una cerveza con los alcohólicos de la universidad. 

Todo iba de maravilla, Henry estaba celebrando y de repente siento un codo duro y rápido en mis costillas.

 

  • Sonríe cojudo que nos acaban de aceptar a los tres.

La sonrisa fue automática, sincera y brutalmente brillante. Había un festival en mi cabeza y mis pies querían salir corriendo.

 

  • What are your shoes size?
  • -Silencio-
  • Tu talla de tabas, idiota
  • 42 (sin uñas)

 

Me gustaba el insulto de Claudia y Noelia, no me molestaba para nada. A veces me traía a tierra, a veces ya lo hacían de costumbre, pero siempre tenían que decirlo religiosamente, era parte de nuestro menú diario como amigos. Obviamente, minutos después de salir del salón llamé a mi vieja para contarle que su retoño se iba a gringolandia, me gasté mis pocos soles en unas cervezas para celebrar, y Marielly se siguió cagando de risa.

 

A embarcar

Primera vez que viajaba en avión a un país que no hablaba mi idioma. Ellos no hablaban mi lenguaje, era el problema de ellos. Los fantasmas comenzaban a rondarme y me hacían dudar. Hice una lista de cosas básicas para sobrevivir y las bajé a un papel. Estaba listo.

 

  • Ya me voy vieja, es demasiado tarde
  • Espera que todos nos vamos a despedir
  • Son las 10 y mi vuelo es a las 10:55

 

El pánico estaba instalado en mi super disco duro. A mi familia se le ocurrió comprar pizza sobrevalorada para cenar todos juntos en el aeropuerto antes de que salga mi vuelo. Yo, en vez de mirar la pizza, miraba con angustia la hora. Era tarde, estoy cagado, era tarde, todo el esfuerzo a la mierda por una asquerosa pizza, tenía que hacer algo.

 

  • Me voy, chau

 

Y así fue mi primera despedida en el aeropuerto. Sin drama ni novela, lamentablemente. No la que soñé pero fue la más pragmática. Me despedí de mi madre en la puerta de embarque mientras mis hermanos se terminaban la pizza, a lo lejos del recuadro.

Cuando hice el check-in del vuelo, me enteré que era uno de los privilegiados y poco elegidos para ir al salón VIP y disfrutar de todas las comodidades del primer mundo. La verdad, no me emocioné porque no tenía idea que era eso de VIP, suena macanudo pero nada

especial.

“Vamos a llamar a mi madre ‘la china’ desde estos momentos”

La china se enteró de que iba a hacer mucho frío en Estados Unidos. Mama pollito jamás dejaría a su henrito pasar frío, y menos lejos de ella. Así que se aseguró de comprarme más de 2 millones de cosas para dos diferentes climas extremos: ‘Para el frío y para el ‘por si acaso hace frío’. Cuando entré al salón VIP del aeropuerto estaba hecho una bestia de 350 kilogramos, no podía lavarme las manos porque no podía juntar los brazos. Era una especie de fisico-ropa-culturista, la china lo logró nuevamente.

El salón VIP era una fiesta sin música. Comida y bebida por doquier, cabecitas blancas bien vestidos leyendo diarios que no entendía. La película gringa había comenzado a rodarse en mi cabeza. Era hora de embarcar y me apuré en tomar mi Inca Kola para poder salir y volar de una vez. No comí nada por vergüenza, ni idea, sólo no quería pararme y pasar en frente de todos esos empresarios y darles la oportunidad de juzgarme. 

La estupidez y los estereotipos eran una constante a los 20 años, y yo lo sabía muy bien.

 

El terror de volar

Estaba exhausto. El trajín de este proceso migratorio me tenía agotado, sin paciencia y con ganas de taparme con la sabana, no salir de cama. Por otra parte estaba la emoción de llegar, de estar, de ser, de aprender, de conocer y ganar. Todo estas emociones ayudaron a que me olvidé uno de mis mayores temores: volar.

 

  • Vieja, ¿tu has volado alguna vez?
  • Pues claro, ya un par de veces, no te acuerdas huevón cuando me dejaste en el aeropuerto
  • ¿Es díficil?
  • Es lo mismo que viajar en combi con la única diferencia es que no te puedes bajar antes.

 

Así era mi vieja de relajada a veces, sabía cómo calmarte y cuando hacerlo, sabía cuando pegarte la cachetada y cuando abrazarte, sabía tantas cosas que cada conversación se tornaba en algo muy rico, muy sabroso y divertido. Al mismo tiempo que pasaba esto por mi cabeza, la señora del lado se estaba persignando, esa cruz me inidicó que no iba a ser un vuelo fácil para mi. El único lugar donde me persignaba conscientemente era antes de entrar al mar, y ocasionalmente cuando iba a misa, nunca más. Pero, ¿para volar?.

Le mandé los últimos mensajes de texto a la china despidiéndome de todos, y su respuesta me hizo volar aunque todavía estuviéramos en tierra: “Te amo mucho hijito, estoy muy orgullosa de ti y lo que estás haciendo”. Ahora escribiendo estas líneas, me doy cuenta que fui muy cruel con el Henry de 20 años, nunca le dije que estaba orgulloso de él, nunca le dije que era un bravo y valiente por ir a un país sin conocer la cultura ni el idioma, nunca le di la oportunidad de abrazarme, éramos dos personas muy distantes, muy diferentes.

 

El vuelo

Comida por aquí, bebida por allá. Mi vuelo hacia Washington estaba a punto de partir.

 

  • ¿Café o te?, señor.

 

Necesitaba esto más que nada. Un poco de servicio y sentirse atendido para alivianar el trauma de volar, sentir que mamá seguía ahí. 

Devoré, bebí, conversé, aproveche mi idioma al máximo, sabía que el otro vuelo no iba a ser lo mismo, sabía que habría una barrera gigante. Cada vez que el miedo se acercaba, pedía algo de comer para olvidar, total, todo era gratis para el chico de 45 chaquetas sentado en primera clase.

 

  • ¿Estamos cerca?
  • Ya estamos aterrizando, señor

 

Cinco horas a Miami se hicieron minutos con el servicio a bordo. Ya había superado el primer vuelo, ahora sólo tenía que pasar el monstruo de migraciones, mi penúltima barrera.

 

El ser humano y el multimillonario

Migraciones fue extrañamente fácil. Un par de palabras y sonrisas picaronas y el ‘bienvenido a Estados Unidos’ lo escuché como el ‘desayuno’ de mi vieja los domingos.

 

  • A continuación vendrá la parte donde me putearán y dirán que soy un idiota, todos los adjetivos calificativos, favor de añadirlos en los comentarios.

 

Faltaba el último vuelo hacia Washington DC, donde me esperaba el amigo de un amigo para enseñarme la ciudad. Ya era hora de subir a la última barrera de este viaje, era hora de enfrentar mi último vuelo, sólo tres horas más hombre, sólo tres.

Como siempre, pasé directamente al avión sin un minuto de espera. Primera clase tiene ciertos privilegios que en ese momento no entendía bien, y que luego de viajar en bus en Bolivia o Laos lo entendí perfectamente. Ya sentado en la primera fila de un avión muy pequeño, noté algo extraño. 

 

  • Espera -no lo podía procesar rápidamente.

 

Era yo mirando por la ventana y preguntándome si la persona que estaba a 2 centímetros de mi cuerpo era la persona que creía que era. Después de unos segundos de pensar, reaccioné y decidí voltear para confirmar mis sospechas. 

 

  • ES EMILIO ESTEFAN CONCHASUMADRE, grité pulmonarmente.

 

Si señor, uno de los productores más famosos de Estados Unidos estaba sentado justo al lado mío, tan cerca que podía oír su respiración y oler su perfume. Seguía mirando hacia la ventana sin poder creerlo; las manos me dejaron de sudar y la película empezó a rodar nuevamente, esta vez añadimos al actor principal a la escena.

 

  • Disculpe señor, qué tal como está, ¿usted es Emilio Estefan?
  • Si hijo
  • ¿Está seguro?
  • Creo que sí -con una sonrisa cómplice-

 

No podía perder esta oportunidad de hablarle, teníamos tres horas de vuelo juntos y una foto le tenía que sacar, un consejo me tenía que dar o alguna historia me tenía que contar.

 

  • Señor Emilio, me hace un favor. La verdad no me acuerdo como se dice ‘pan’ en inglés y tengo un poco de hambre, ¿me lo puede pedir por mi?

 

Encontré la manera más ingenua y estúpida de comenzar una conversación, pero lo logré.

 

  • Qué, ¿no hablas inglés?
  • La verdad que poco, estoy aprendiendo
  • ¿Y cómo vas a trabajar en Estados Unidos?
  • Buena pregunta
  • ¿Pa donde te vas?
  • Para Virginia, a trabajar en un resort por temporada de invierno
  • Hace mucho frío por allá
  • Lo sé, y mi mamá también lo sabe

 

Todos deberían estar orgullosos de mi. Le pregunté hasta ahogarlo, me contó como llegó a Estados Unidos, como sacó a su familia de Cuba, los planes que tenía con Gloria (sí, ya estaba en confianza y la puedo llamar así), sus hijos y su visión extraordinaria del mundo.

Se me abrían los ojos al escucharlo, cada segundo mi admiración crecía, no lo conocía pero sentía que ya era un ídolo para ponerlo en cuadro. No se preocupen, yo no me quedé atrás, le conté todo lo que hice, hacía y haré. Quería escuchar consejos, necesitaba un guía, la voz de un papá. Hasta ahora no sé cómo sucedió, pero, finalmente, llegamos al tema de dinero. Le conté que viajaba con poco y esperaba hacer mucho cuando empiece a trabajar. Cada vez que había una pausa en la conversación, él se echaba a leer y yo agarraba cualquier papel con letras para hacer lo mismo. Era un niño, imitaba todo lo que el maestro hacía, sentía que debía seguir su ejemplo.

 

  • Viajas con mucho dinero
  • Tengo lo suficiente para vivir el primer mes hasta que me paguen
  • Eres muy valiente
  • La necesidad es mi mayor virtud

 

Quería sonar inteligente, sabio, estar a la altura de la conversación. Era imposible, él me devoraba con historias y enseñanzas, yo seguía soñando, soñaba que me invitaba a trabajar con él, soñaba que todo era posible en ese momento, nunca soñé tanto en tan poco tiempo, y lo mejor era que estaba despierto.

 

  • Espérame un segundo

 

Nos acercábamos a Washington y la conversación pronto iba a llegar a su final.

“Tengo que decirle que estudio comunicaciones y quiero trabajar con él, no pierdo nada ni él tampoco, dilo, dilo”. Cada tanto le ponía comillas a la conversación para conversar con el Henry sin vergüenza, el que no tenía miedo, el que creció en Breña.

 

  • Toma hijo, esto te servirá

 

Las manos me comenzaron a sudar de nuevo, no lo creía. Justo cuando conversaba con el ‘Henry sin vergüenza’, Emilio, mi amigo en ese entonces, sacó un fajo muy grueso de dólares y contó un puñado con la intención de entregarmelo. Mis manos eran un carnaval, miré fijamente hacia la ventana decidido a no voltear. Dos segundos después de tomar la decisión:

 

  • Cómprate algo en Washington
  • La verdad señor Emilio, siempre me he ganado el dinero, se lo agradezco mucho pero lo no puedo aceptar

 

“No era verdad cabezón, necesitas ese dinero, tómalo, no sabes cuánto es, quizá es mil dólares, quizá más. Recuerda cuando le sustraías dinero a tu papá cuando estaba dormido, recuerda cuando limpiabas la casa los sábados a las 7 de la tarde para que la china te de unas monedas para comprar tu Punto G, recuerda cuando te demorabas más de una hora en dar vueltas por la casa de Carlos para tocarle el timbre y pedirle unos soles para ir a bailar. ¿Por qué ahora no?”

Todo era diferente ahora, no quería agarrar el dinero por orgullo. Sabía que Emilio lo hacía con la mejor voluntad pero, ¿qué pensaría de mi?

 

  • Bueno, ahí está

 

Mientras yo me atormentaba en recuerdos y enseñanzas, Estefan me clavó el dinero en el bolsillo. No sabía qué hacer, ¿se lo devuelvo?, ¿miro a la ventana de nuevo y me hago el que ‘no sintió nada’?, ¿me ofendo?

Sólo atiné a mirarlo con ganas de querer abrazarlo. No sé cuántas veces le agradecí, no sé cuántas veces lo quise besar como lo hacia con mi viejo, no sé cuantas veces quería llamar a la china y contarle que en mis primeras 10 horas del viaje conocí a Emilio Estefan. No sé cuántas veces miré a la ventana para poder llorar de alegría, algo estaba sucediendo conmigo.

 

  • Tome señor Emilio, esto le servirá a usted
  • ¿Qué es?
  • Es una pulsera bendecida por el Señor de los Milagros, tiene 12 santos y puede pedir un deseo por cada uno.

 

La verdad, era una pulsera que me regaló mi madre antes de venir al viaje, no sabía si estaba bendecida o no, aunque yo la bendije en cuestión de segundos para dársela a mi nuevo idolo. Inventé algo bonito, eso de los deseos ojalá sea cierto, no quise engañarlo, sólo quise que se lleve un bonito recuerdo de aquel peruano que conoció en el avión, sólo quise ser parte de sus anécdotas de viaje. Quizá ahora mismo está contando esta historia y yo soy el protagonista.

¿Ahora qué?, la intriga se apoderó completamente de todos los Henrys existentes. ¡Quería contar cuánto dinero me había clavado en el bolsillo!. 

“¿2000 dólares?, no demasiado, aunque sería genial, ¿no?. Quizá son billetes de 1, no no no, no tiene pinta de tener billetes de uno. Hasta que sucedió lo que estaba esperando. Emilio se paró, apoyó el libro que estaba leyendo en el asiento, se acomodó el saco y fue al baño. Era mi momento, la luz apareció al final del camino y tenía todo el tiempo del mundo de sacar la plata del bolsillo y clasificar los billetes por denominación (antigua costumbre). La pregunta era, ¿debía hacerlo?, pues, ¡CLARO QUE SI!

 

La supuesta despedida

El avión estaba apunto de aterrizar y tuve que pedirle el último favor.

 

  • Disculpe, no sé si es mucha molestia pero mi madre está muy angustiada por este viaje, sabe como son las mamás. Necesito llamarla y decirle que llegué bien a Washington. ¿cree que eso es posible?
  • Por supuesto, cuando bajemos del avión llamó a mi secretaria para que se conecte con tu mamá

 

Cachetada de modestia y humildad, nuevamente. ¿Cómo todo esto era posible en mis primeras 10 horas de viaje?, estaba pasando, era real. Cuando salimos del avión me contaba que se dirigía a la Casa Blanca para la reunión de navidad con el presidente Bush, casual.

 

  • Mamá, ya llegué a Washington
  • Mi vida, cómo estás, ¡qué alegría escuchar tu voz!
  • Si viejita, todo bien hasta ahora, ¿a que no vas a creer desde que teléfono te estoy llamando?
  • Desde rin
  • No vieja, te voy a pasar con él para que lo escuches 

 

A veces efusiva, otras veces, agresiva. La china siempre me sorprendía con sus actuaciones. Esta vez sucedió todo lo que no quería que sucedería.

 

  • Señora cómo está, su hijo está bien muy acá en Estados Unidos, hemos viajado juntos desde Miami.
  • Quién es este huevón ahora, pásame con mi hijo que quiero hablar con él

 

Lo dijo tan fuerte que pude escuchar a unos metros de distancia. Emilio solo atinó a devolverme el teléfono y decirme “no me cree”.

 

  • Madre, caramba, es Emilio Estefan, el esposo de Gloria. Pide disculpas por favor que me ha ayudado muchísimo.

 

La conversación posterior entre Emilio y la china fue más que amical, fue dulce y sincera. Mi mamá se deshizo en elogios y en bendiciones, él sonreía tímidamente y le agradecía por las palabras. Yo era un espectador de lujo de una de las historias más lindas que jamás me han contado. Unos segundos después me despedí de mi madre y de Emilio, era hora de separarse.

__________________

Si estabas esperando leer esto, pues si sucedió. Justo antes de darme el dinero en el avión, me sacó su tarjeta con el número de su mano derecha en la parte de atrás (era peruano) y me dijo que cualquier cosa que necesite, lo llame. No sabía cómo interpretar esto, quizá era todo lo que había soñado despierto, era lo que siempre esperé desde el inicio de la conversación, lo estaba viviendo.

 

La llamada que nunca sucedió

Nunca lo llamé, lo resumiré así.

Cuatro meses pasaron con la tarjeta en la mano, pero nunca sucedió. No tuve los huevos para levantar el teléfono y llamarlo, la oportunidad de mi vida estaba en un papel guardada en un cajón de mi habitación, mi futuro a 10 números de distancia.

Esta historia la conté miles de veces a mis amigos durante mi estadía en EEUU. Me miraban fascinados, alucinados de lo que podría pasar, me empujaban a marcar el número y ver que onda. Nunca lo llamé. 

Quedó como una historia bonita y una perfecta coincidencia, Estados Unidos llegaba a su fin y no podía creer que no lo haya llamado, no quería creerlo, a veces quería pensar que lo llamé y nunca contestó, eso hubiera sido mejor.

 

Meses después

Estaba con dos maletas -llenas de cosas que quizá las venda en Perú- en dirección al aeropuerto. Mi inglés mejoró notablemente y sentía el pesar de dejar un país que me regaló una experiencia impresionante. Pena por dejar algo que sentía que no debía dejarlo, no estaba listo para regresar a Perú, aunque la idea de ver a mamá sonaba atractiva.

Por alguna razón llegué super temprano al aeropuerto, hasta ahora no recuerdo cuál fue, pero por ser primera clase pude cambiar mi vuelo para unas horas antes sin cargo adicional. Me olvidé de recordarles que el vuelo en primera clase era de ida y vuelta. Cambié el vuelo para las 4 de la tarde y me despedí de Saúl. Abrazos y el clásico ‘nos vemos pronto’. Ya sentado en la sala de espera me vino a la mente Emilio de nuevo. ¿Qué hubiera pasado si lo llamaba?, ¿qué hubiera pasado si me contestaba?, ¿qué hubiera pasado si …?, sólo tenía adjetivos peyorativos en mi contra. 

Al fondo, un grupo de adolescentes corrían con dirección hacia algo que los hacía gritar con mucha emoción, cansado y bajoneado me asomé un poco para ver lo que pasaba. Hombre, me acerqué un poco más. Mierda, cada vez que me acercaba mi visión empeoraba repentinamente, no puede ser, no puede ser. Mis ojos comenzaron a brillar de emoción y el corazón comenzó a latir más rápido, no era verdad, no podía ser real, miré para todos lados, y volví a mirar hacia el tumulto. Era él, no tenía dudas, pero, ¿por qué?

 

El reencuentro

  • Disculpe señor Emilio
  • Hola hombre, hace tanto tiempo

 

Emilio volteó hacia el grupo de cabecitas blancas con pinta de empresarios y les contó -en lo poco que pude entender- que yo era el chico que conoció meses atrás en vuelo de Miami a Washington. Si no se dieron cuenta, acá hay un punto a favor, ¡me recordó!. A continuación pasó lo que imaginé que iba a suceder. Le pidió unos segundos a las cabecitas blancas y me llevo hacia una cajera.

 

  • Sabes, te pido disculpas por nunca haberte llamado para agradecerte, sólo que perdí tu tarjeta
  • Pues no hay problema, mira, este es el número de Janet, mi secretaria, llámala. En mayo voy a Perú a cerrar el concierto de despedida de Gloria, espero verte ahí

 

Nunca más quise hablar. Esbocé una sonrisa y me despedí.

¿Cómo pudo pasar esto?, luego de cuatro meses, cambiar el vuelo y encontrarte con la persona que nunca pudiste llamar por razones aleatorias. ¿Cómo carajos se llama esto?, ¿destino?, ¿coincidencia?, ¿casualidad?. Es una historia que siempre voy a querer contar hasta encontrar una respuesta. ¿Por qué nunca lo llamé?

Lamento decirte que esta historia no tiene un final feliz. Guardé el número de Janet en el cajón de mi cuarto y nunca llamé. Vi a Emilio por televisión llegando a Perú y pasó por mi cabeza ir al aeropuerto, pero nunca lo hice. 

Desafortunadamente ‘La China’ falleció de cáncer 6 meses después de volver a Lima y nunca entendió porque no lo llamé. Quizá si lo llamaba y me ofrecía algún trabajo, no hubiera podido estar con mamá en sus últimos días, o quizá no es verdad y estoy buscando una excusa para no sentirme más estúpido. Quizá si lo llamaba y me ofrecía un trabajo, no hubiera podido estar viajando en estos momentos por el mundo, o quizá sigo buscando una excusa para no sentirme peor. Después de 8 años puedo contarles que he cambiado mucho, pasó mucha agua debajo del río y creo no ser el mismo.

 

Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2014 – Brasil
Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2013 – Peru
Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2012 – Ecuador
Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2010 – Chile
Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2009 – Peru
2009-1
Este es el Henry del 2009-II – USA (con Noelia)
2008-1
Este es el Henry del 2008 – Perú (con Bego y antes de todos los viajes)
Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry del 2007 – En casa
Que Hubiera Pasado Emilio Historia de mi encuentro cercano con Emilio Estefan
Este es el Henry que siempre voy a extrañar – Breña (1995)

 

 

Solo quiero contarles que soy muy feliz en estos momentos, mis prioridades han cambiado y ya no busco ‘el dinero’ como principal objetivo de vida. Sigo buscando respuestas a preguntas que me acompañan desde que comencé a viajar, poco a poco las voy respondiendo mientras me voy conociendo más. Me imagino que esa llamada me pudo cambiar completamente la vida, pero no hacerla también me la cambió. Ahora estoy aquí, viajando, conociendo, explorando cosas que para muchos no tienen sentido. Tengo la remota esperanza de que Emilio leerá este texto y me escribirá para darme una tercera oportunidad, total, nada se pierde.

 

Si leíste toda la historia, te lo agradezco de corazón. Si estás leyendo esto Emilio, escríbeme que te debo un abrazo y algunos dólares.

 

____________________________________________

Si quieres seguir nuestras aventuras diarias, vamos que tenemos más por aquí: Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Youtube y también puedes ver mi cuenta personal @hurrunaga en todas las redes sociales, ¡feliz viaje!

 

 

[/vc_column_text][/vc_column]

[/vc_row

 

Si quieres seguir nuestras aventuras diarias, vamos que tenemos más por aquí: Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Youtube y también puedes suscribirte a nuestro delivery de artículos ¡abrazo mochilero!