La primera vez que salí del país fue en el 2008 cuando tenía veinte años cumplidos, iba a Estados Unidos de intercambio estudiantil a probar suerte y “hacer” dinero. Cuando todos estábamos en camino o ya en el país, explotó la crisis financiera gringa y eso fue una patada horrible a todos los jóvenes que pensaban como yo y querían “hacer” dinero. El baile comenzó cuando cada uno de nosotros (o muchos) llamamos a casa para avisar que no hay reembolso, la crisis nos dejó sin horas de trabajo y con muchas horas de fiesta.

 

que no te gusta Lima henry

 

Cuatro meses después -frente a mi casa- estábamos abrazados Fer, Saulo y yo con un ardor en los ojos que los hacía sudar, los machos sudamericanos estaban emocionalmente partidos por la separación, nunca la vimos venir, pensamos que estaríamos para siempre allí, en el mismo lugar.

Por trabajo, Cusco era una de las ciudades elegidas para ser enviado de vez en cuando, mi trabajo me permitía viajar a una de las ciudades que más amo en este planeta. Era junio del 2012 cuando llego para ver el Inti Raymi, la idea era saber un poco más sobre la festividad y las actividades que podríamos realizar en el hostel alrededor de ella. Siempre elegí los cuartos compartidos, me gustaba escuchar a los huéspedes, saber que chismeaban y que recomendaban, había mucho por mejorar en el lugar y una fuente fresca de información como son los mochileros no viene mal. 310 era el número de mi habitación, ahí conocí a Eva, pequeña de 18 años que viajaba por 6 meses a través de sudamérica con su FLACO. Luego de una charla corta con ella, salí a comer y volví a la noche con varias cervezas en la cabeza, nunca le di tanta bola.

Un mes después, Eva estaba en Lima viviendo conmigo y planeando nuestro viaje a Inglaterra, donde logré ir gracias a ella y una deuda de varios cientos de dólares. se convirtió en mi enamorada, un año y medio después, una llamada desde Inglaterra acabaría todo, nunca lo vi venir, pensé que estaríamos para siempre ahí, juntos. (*)

2012 fui a estudiar a la Argentina por un año, 100 dólares era mi bolsa de viaje y once meses me esperaban adelante. Un amigo me convenció para vivir allá porque el muy cagón no quería ir solo, la decisión no fue difícil, me contó dos o tres cosas de la ciudad que instantáneamente me hicieron ahorrar dinero. A las dos semanas conseguí trabajo como mesero en un restaurante de la ciudad, trabajé por ocho meses en ese mágico lugar y conocí a Flor. Ella era la inocencia andando, se asombraba de nosotros, nos miraba, mejor dicho, nos observaba, nos preguntaba y sonreía. Soñaba con conocer Perú, Colombia (todos los meseros eran colombianos y yo peruano), Bolivia y Sudamérica toda, tenía dieciocho años en ese momento. Ayer cuando abrí mi messenger, un mensaje lleno de emoción me lavó la cara, Flor había llegado a Lima a tramitar su estadía en el país, media hora después, un mate abrio la conversación que esperábamos tener desde hace mucho tiempo. Nunca la vi venir, pensamos que nunca nos cruzariamos por aquí.

Nueve años después de zarpar por primera vez hacia el extranjero, imagínate cuántos Saulos, Fers, Flors y Evas han pasado por mi vida (no muchas evas que digamos), cuántas memorias cortas he creado con gente que conocí por semanas, días u horas, cuántos lugares he pisado donde nunca pensé llegar, cuántas historias me estoy guardando que tengo para contar.

Cuando regreso o comienzo un viaje nuevo, siempre recibo esta pregunta: gringo, ¿no te gusta el Perú, no? (en Perú usamos doble negación), siempre te vas, no quieres vivir acá. Contrario de lo que piensan, me encanta que me pregunten esto, así puedo traer a Saulo, Fer, Flor y Eva a la vida por un momento, puedo contarles porque viajo y porque amo esta ciudad.

 

(*) No estoy deprimido